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No sabía por qué me había atraído tanto el título del libro de Joan Domenech Elogio de la educación lenta. Sólo después de participar en las jornadas de invierno de la EVA de del 2010 me he hecho un poco más consciente. Siempre me han gustado las ciudades y los pueblos pequeños, donde la realidad es mucho más abarcable, donde las relaciones humanas tienen posibilidades de ser profundas y si, además, vives en contacto directo con la naturaleza tienes la oportunidad de vivenciar el tiempo de Kairós. Las jornadas de invierno han sido las jornadas del elogio del sentido común, una parada para reflexionar sobre el porqué de nuestro “activismo” en el aula, nuestro “horror vacui”, también en la dimensión del tiempo. En general, el profesorado sufrimos del horror al tiempo sin control, el miedo a que nuestra chiquillería no esté segura y pueda sufrir accidentes de cualquier tipo. Por eso nos sentimos en la obligación de llenar sus tiempos, tanto los del aprendizaje en el aula como los del ocio, y muchas veces no damos tiempo para la asimilación y la maduración interior. “Si no juegan no aprenden”, dicen las madres de la juguetería lenta y sin un poco de sol no madura la fruta, no crece la simiente. En estas jornadas hemos vuelto a los eternos temas de la renovación pedagógica: para qué enseñar, cuáles son nuestros objetivos últimos. Nuestro alumnado habrá de ser capaz de resolver problemas nuevos, habrá de ser ciudadano con todos sus derechos y sus responsabilidades, habrá de ser protagonista de su propia vida. Para ello hemos de ponernos en marcha. Cierto es que las circunstancias sociales actuales no favorecen mucho este cambio que los “utópatas” deseamos, pero creo que con las reflexiones que pusimos en común el domingo 28 ya hemos empezado a dar los primeros pasos. ¡Mucha suerte y olvídate el reloj!

Teresa Arnal, IES Biello Aragón de Sabiñánigo (Huesca)

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Aún no había acabado de leer el libro cuando fui a las Jornadas de Invierno. La verdad es que mientras leía la obra iba diciendo para mis adentros “es lógico, ¿cómo va a ser de otra manera?”. Y sin embargo lo es. Por eso creo que el libro resulta esclarecedor, sí, mientras que las sesiones de las Jornadas fueron plena luz, en un bosque oscuro de abigarrados contenidos. La sesión en la que estuvo Joan fue teórica y de debate, y en ella sentamos bases para empezar a discutir después. Así fue como surgió un clima de verdadera discusión sobre Educación, lejos de la demagogia que acostumbramos a ver en muchos centros. Quizá lo mejor de todo fue ver que no estaba solo en mi pensamiento y en mi hacer; sentirse respaldado y acompañado por gente con problemas parecidos y que, no obstante, aportaba soluciones diferentes, fue muy gratificante. Y si además te tomas el café con todos, una gozada.

Chorchi Díaz, IES Matarraña de Valderrobres (Teruel)

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Los ataques neoliberales a la economía tienen su reflejo en la escuela pública también. Vemos cómo cada día se recortan presupuesos, sueldos de los docentes, se imponen bachilleratos de la excelencia y se aboga por el segregacionismo más agresivo. El discurso de Fedicaria es en este sentido esclarecedor. No podemos permitir que los poderes económicos cambien la Escuela de una donde la igualdad y la formación inegral del alumnado como ciudadanos críticos es un derecho, a otra en que se dirije al alumnado selectiva y rigidamente hacia un mundo laboral limitado. Las doctrinas excluyentes y autoritarias no pueden tener cabida en nuestra escuela. Es por ello que las Jornadas de este año me parecieron magníficas. Todos deberíamos tomar buena nota de lo que está ocurriendo en nuestra escuela, cada vez menos pública si no le ponemos remedio.

Chorchi Díaz, IES Matarraña de Valderrobres (Teruel)